miércoles, 8 de junio de 2011

Los ultimos 300 inviernos

Así han sido los últimos 300 inviernos, pero aun mantengo una esperanza guardada bajo la frazada.

No hay noche en que no sienta lo triste que se ve ahí afuera, la baja intensidad de las luces, los gatos ausentes de los tejados buscando refugio, las nubes tapando la luna que se mece y nos contempla desde muy temprano, y nosotros allí afuera intentando protegernos del frío para mañana volver a estar ahí, en ese mismo lugar, aguardando con una hoja en blanco que una brisa traiga las buenas noticias.

La mañana, es la otra cara fría de la moneda que espero desechar ansiosamente en el próximo colectivo, pero la distancia es algo que mi cuerpo no puede saciar. Solo me queda mirar por la ventana, mi respiración empaña los vidrios, los árboles han perdido sus hojas y esperan la próxima estación para renacer, algunos valientes aún se atreven a salir y derrocar su soledad en un bar compartiendo café caliente hablando del amor y la primavera.

No hay noche en que no sienta lo triste que se ve aquí adentro, mis dientes aprietan y mis dedos se truenan, las ganas se congelan, los sentimientos se mueren. Es preferible quedarse en casa y no salir, será que el mundo no tiene nada nuevo para ofrecernos? O nosotros nos resignamos a calentarnos las manos con los viejos cuentos que escondemos en la estufa?

Éste es mi refugio, dentro de poleras y bufandas, durante este tiempo he guardado el calor del verano en mi piel, pero aun así no termino de entender por qué necesito a esa niña que me preparaba el té en las mañanas. Espero su llamado, impaciente, una ducha de agua caliente recupera el color de mi piel y el rubor en mi rostro, pero aunque por fuera todo cambie, aunque parezca joven, aunque el tiempo nos persiga con sus calendarios y nos parezca una regla a la cual es imposible de escapar, por dentro sigo siendo un viejo que ha vivido 300 inviernos. Todos han sido tristes pero aun una esperanza aguarda bajo la frazada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario